Sherlock Holmes y el sabueso de los Baskerville

Carlos Ramírez

Me recuesto en la piedra que se esconde tras los matorrales, a las afueras de la mansión. Casi nervioso, casi tranquilo. Tomo las cinco balas y una a una recargo el revólver. En esta noche las nubes, como costras, aparecen en menor cantidad que la última vez que vigilamos a los Baskerville. Por eso es que la luz de la luna desciende en cascadas que se difuminan como humo.

Estamos a un paso de resolver el misterio, y no me extraña que por mis venas corra una serpiente de hielo, tan fría que duele. En estos momentos Watson lo es todo, mi vida podría estar en sus manos. Se quita el sombrero de copa y toma esa posición de combate ya peculiar en él, la de militar en trinchera.

Un momento, veo a alguien en la ventana. Aquella figura contrasta con la luz de la habitación, amarillenta que parece mancillarle.

—¿Lo ves, Holmes? —pregunta Watson con el rostro bocabajo, como hablándole al suelo. Asiento e inmediatamente aquella serpiente de hielo me toma por el cuello y se vuelve una boa.

—¡Al suelo, nos ha visto! —exclama Watson al decir lo evidente. Demasiado tarde. La adrenalina potenció mis oídos y puedo escuchar que soltaron al animal salvaje. Viene hacia nosotros y aun entre las cascadas de luz, aquel demonio es borroso. Puedo sentir sus pisadas al tocar el césped debajo de mí, como removiendo la tierra.

Watson y yo nos preparamos para el embiste.

—¡Ya deja dormir y apaga la luz! —grita mi mamá. El mundo sucumbe en mi cama al tiempo que cierro mi libro. Embadurnado todavía por la pólvora, apago la luz. Sigo temblando. Aquella serpiente de hielo está en mis oídos. No había experimentado sensación semejante desde aquella vez que jugué el Residente Maldito, o cuando Gokú murió y los Digimon se separaron de sus dueños.

Una semana después resolví el misterio, el sabueso murió, pero la sensación de la serpiente en mis venas no. Ahora busco desesperadamente otro libro de dónde provino este, entre los cachivaches. Pero en el fondo, muy bien sé que no es el libro sino el mundo que se construye frente a mis ojos.

En fin, mañana hay escuela. Ya no hay sabueso pero sí tarea.

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