Killer legends: temerle a la realidad

Carlos Ramírez

Un hombre, con máscara de gas y el cabello teñido de rojo, entra a un cine y abre fuego contra los espectadores. 70 personas resultan heridas y 12 fallecen al instante (Masacre de Aurora, 2012).

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El cine Century 16 luego de la masacre en Aurora, Colorado. Fuente: Google images

En un extremo de Lover´s Lane una pareja aparca a bordo de un Mustang rojo. Intercambian miradas. Chains suena en la radio. Sus labios está apunto de unirse como imanes hasta que la canción de los Beatles es interrumpida. A lo lejos, un hombre con un saco blanco en la cabeza se aproxima al auto. Las luces le descubren, lleva un gancho en su mano derecha (El asesino de Texarkana, 1946).

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Joven asesinada por el asesino de Texarkana. Fuente: Google images

Después de bañar a los niños, una niñera de no más de 15 años se recuesta en el sillón de la sala. Ve televisión. En la ventana un hombre mira y luego de romperla entra a la casa, ahoga a la joven con un cable de teléfono y huye (El asesino de niñeras, 1950).

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Janett Christman, asesinada a la medianoche mientras cuidaba a dos niños. Fuente: Google images

Una tarde de otoño, un niño llega a su casa luego de una jornada de Halloween. Se quita su disfraz y, con las gotas de sudor aún en su frente, abre su costal de dulces. Tras el trick or treat, el pequeño se atiborra de caramelos. Casi al momento, el niño vomita y una hora después, ya en el hospital, es declarado muerto por ingerir cianuro (Candyman, 1974).

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Ronald Clark O´Bryan condenado por asesinar a su hijo. Fuente: Google images

Las historias que se cuentan en Killer legends son reales, sucedieron realmente. Joshua Zeman (Cropsey, 2009) muestra que toda ciudad tienen una historia real que contar.

Los cuentos para niños en los que el bosque es un símbolo de peligro son el origen de las advertencias reales. En aquellas épocas los padres contaban historias tenebrosas para alejar a sus hijos del bosque, hoy en día sucede algo similar con el hombre del saco o el coco.

Pero la realidad siempre supera a la ficción. De casas embrujadas a asesinos seriales; del fantasma de la medianoche al acechador de adolescentes; del Candyman al hombre que coloca agujas, navajas y cianuro en los dulces de los niños; de la fobia a los payasos al hombre que se vestía como uno y asesinaba niños para enterrarlos bajo su casa.

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John Wayne Gacy vestido de Pogo, su álter ego para asesinar niños. Fuente: Google images

Con una investigación, no tan profunda, Zeman repasa las principales leyendas americanas que nacen de la realidad y nos cuestiona: ¿Por qué creemos en las leyendas urbanas? Quizá porque la realidad es demasiado para algunos.

Para Zeman la realidad es más atemorizante que la leyenda más perturbadora que pueda existir. Porque las leyendas urbanas, por muy aterradoras que puedan ser, son tan inofensivas que se quedan cortas a la realidad que lo comenzó todo.

El miedo está allá fuera, no en la leyenda, y tenemos que lidiar con él cada día. Nuestros fantasmas y monstruos son inofensivos al compararlos con nosotros mismos. Ellos surgen de nuestra confusión al no entender los crímenes atroces en los que vivimos.

¿Acaso es que cosechamos lo que sembramos? Pregunta Zeman y expone a través del film que el hombre es peor que la leyenda, está enfermo y su sociedad infectada. Al final el único coco real es el que se esconde dentro de todos nosotros, esperando el momento justo para salir.

“No tengas miedo de la leyenda sino del que te la cuenta” sentencia.

Curiosidades:

–Joshua Zeman realizó este documental luego de descubrir la verdad acerca de Cropsey, un asesino que en realidad escapó de un manicomio y secuestró muchos niños durante los años 50. La leyenda creció sólo para advertir a los niños de los peligros de llegar tarde a casa.

The Town That Dreaded Sundown es la película que cuenta los asesinatos del fantasma de Texarkana en Texas durante 1946.

-Ronald Clark O’Brian, el hombre que envenenó a niños con cianuro en sus dulces, fue ejecutado el 31 de marzo de 1984 con una inyección letal.

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